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del 09/08/05
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por Martín Molteni
 
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De Titán a guardaespaldas
José Luis Arévalo, el juez de las famosas pulseadas de 'La noche del domingo', el ciclo de Gerardo Sofovich de los ´80, y 'Khangay, el mogol', en la troupe de Karadagián, hoy trabaja como custodio.

Hace dieciocho años Gerardo Sofovich popularizaba algo tan simple como las pulseadas en televisión. Y el forzudo a vencer por todos aquellos que buscaban sus minutos de fama era José Luis Arévalo, quien hasta ese momento se divertía luchando en el ring de Martín Karadagián. Ahí pasó de ser el odiado personaje Khangay, el mongol, a llamarse simplemente Arévalo, el nuevo “invento” del conductor. Hoy, a los 64 años y lejos de la pantalla chica, se gana la vida trabajando de custodio personal, feliz pero siempre añorando sus días dorados.
“La última vez que aparecí en televisión fue en el ’98, cuando la hija de Martín (Karadagián), Paulina, hizo una corta temporada de ‘Titanes en el ring’ en Canal 9, aunque ya no podía dedicarle mucho tiempo -cuenta Arévalo. Hace trece años que trabajo en el Sindicato de Empleados Plásticos, donde soy custodio de gente del sector gremial, una actividad que me limita bastante”. El primer contacto que tuvo con Sofovich se dio en los estudios Baires de Don Torcuato, donde él se preparaba para hacer una escena de riesgo en una coproducción francesa, y lo invitó a sumarse a su troupe. En 1987, apareció ‘La noche del domingo’, por Canal 13 y Arévalo se transformó en su fiel colaborador. Pero antes del ciclo ya había participado en dos películas de Sofovich: ‘Mingo y Aníbal, dos pelotazos en contra’, y ‘Me sobra un marido’, con Susana Giménez. “Cuando nacieron las pulseadas, yo sólo iba a ser de juez. Para arrancar le sugerí algunos luchadores, pero él no quería gente conocida… Anduvimos tan bien que enseguida fuimos la atracción principal del programa”, recuerda sobre el ciclo que llegó a hacer cincuenta puntos de rating y que cuando no tenía las pulseadas caía en audiencia.

Eran los tiempos, además, del concurso de balero, el corte de manzana, la rotura de barras de hielo, que convertían a Sofovich en el rey de los fines de semana. “Es un bocho -dice con fanatismo. Con veinte centavos, hacía un ciclo de dos pesos. Lamentablemente, las pulseadas duraron poco. Terminaron porque algunos participantes se rompieron los brazos. Yo fui el que le dijo al ‘Ruso’, muy a pesar de mi laburo, que dejara de hacerlo porque se había vuelto peligroso”. Y agrega: “Dejé de tener participación, aunque me convertí en su hombre de confianza: lo asistía, le estacionaba el auto, lo cuidaba para que no lo molestaran… Además me pagaba muy bien. Era un plus aparte del sueldo del canal. Es un chabón que, si vos te portaste bien con él, no te va a dejar afuera nunca”. Al parecer, su relación con Sofovich se mantiene intacta. “El ‘Ruso’ todavía me llama. Me dice: ‘Vení loco, pedí permiso en tu laburo y agarrá una escoba en Polémica. Por ahí lo tuyo es un ratito y después te vas. Siempre hablamos por teléfono y charlamos, pero la verdad es que no puedo dejar mi trabajo”.

Arévalo vive en Villa Lugano con su esposa Lidia y sus tres hijos: Verónica Luján (25), Martín Luján (23) y José Luis Luján (17) y admite, claro está, que es devoto de la Vírgen. Trabaja doce horas por día y, aunque el fìsico ya no es el mismo de aquellos tiempos, su pasión siguen siendo los deportes. “Desde los catorce que los hago -cuenta. Practiqué boxeo, judo, karate, durante más de veinte años hice lucha libre en ‘Titanes...’ y ahora tengo un pequeño gimnasio en casa para mantenerme en forma… ¿Si extraño la tele? Sí, se extraña, aunque nunca me creí el cuento de la fama. Ahora, cuando veo en canal Volver algunas cosas en las que estuve, te juro que me hierve la sangre…”.

  Christian Mercado | Fotos: Silvia Bordoni y Cedoc  
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