José Luis Arévalo, el juez de las famosas pulseadas de 'La noche del domingo', el ciclo de Gerardo Sofovich de los ´80, y 'Khangay, el mogol', en la troupe de Karadagián, hoy trabaja como custodio.
Hace dieciocho años Gerardo Sofovich popularizaba algo
tan simple como las pulseadas en televisión. Y el forzudo a vencer
por todos aquellos que buscaban sus minutos de fama era José Luis
Arévalo, quien hasta ese momento se divertía luchando en
el ring de Martín Karadagián. Ahí pasó de
ser el odiado personaje Khangay, el mongol, a llamarse simplemente Arévalo,
el nuevo “invento” del conductor. Hoy, a los 64 años
y lejos de la pantalla chica, se gana la vida trabajando de custodio personal,
feliz pero siempre añorando sus días dorados.
“La última vez que aparecí en televisión fue
en el ’98, cuando la hija de Martín (Karadagián),
Paulina, hizo una corta temporada de ‘Titanes en el ring’
en Canal 9, aunque ya no podía dedicarle mucho tiempo -cuenta Arévalo.
Hace trece años que trabajo en el Sindicato de Empleados Plásticos,
donde soy custodio de gente del sector gremial, una actividad que me limita
bastante”. El primer contacto que tuvo con Sofovich se dio en los
estudios Baires de Don Torcuato, donde él se preparaba para hacer
una escena de riesgo en una coproducción francesa, y lo invitó
a sumarse a su troupe. En 1987, apareció ‘La noche del domingo’,
por Canal 13 y Arévalo se transformó en su fiel colaborador.
Pero antes del ciclo ya había participado en dos películas
de Sofovich: ‘Mingo y Aníbal, dos pelotazos en contra’,
y ‘Me sobra un marido’, con Susana Giménez. “Cuando
nacieron las pulseadas, yo sólo iba a ser de juez. Para arrancar
le sugerí algunos luchadores, pero él no quería gente
conocida… Anduvimos tan bien que enseguida fuimos la atracción
principal del programa”, recuerda sobre el ciclo que llegó
a hacer cincuenta puntos de rating y que cuando no tenía las pulseadas
caía en audiencia.
Eran los tiempos, además, del concurso de balero, el corte de
manzana, la rotura de barras de hielo, que convertían a Sofovich
en el rey de los fines de semana. “Es un bocho -dice con fanatismo.
Con veinte centavos, hacía un ciclo de dos pesos. Lamentablemente,
las pulseadas duraron poco. Terminaron porque algunos participantes se
rompieron los brazos. Yo fui el que le dijo al ‘Ruso’, muy
a pesar de mi laburo, que dejara de hacerlo porque se había vuelto
peligroso”. Y agrega: “Dejé de tener participación,
aunque me convertí en su hombre de confianza: lo asistía,
le estacionaba el auto, lo cuidaba para que no lo molestaran… Además
me pagaba muy bien. Era un plus aparte del sueldo del canal. Es un chabón
que, si vos te portaste bien con él, no te va a dejar afuera nunca”.
Al parecer, su relación con Sofovich se mantiene intacta. “El
‘Ruso’ todavía me llama. Me dice: ‘Vení
loco, pedí permiso en tu laburo y agarrá una escoba en Polémica.
Por ahí lo tuyo es un ratito y después te vas. Siempre hablamos
por teléfono y charlamos, pero la verdad es que no puedo dejar
mi trabajo”.
Arévalo vive en Villa Lugano con su esposa Lidia y sus tres hijos:
Verónica Luján (25), Martín Luján (23) y José
Luis Luján (17) y admite, claro está, que es devoto de la
Vírgen. Trabaja doce horas por día y, aunque el fìsico
ya no es el mismo de aquellos tiempos, su pasión siguen siendo
los deportes. “Desde los catorce que los hago -cuenta. Practiqué
boxeo, judo, karate, durante más de veinte años hice lucha
libre en ‘Titanes...’ y ahora tengo un pequeño gimnasio
en casa para mantenerme en forma… ¿Si extraño la tele?
Sí, se extraña, aunque nunca me creí el cuento de
la fama. Ahora, cuando veo en canal Volver algunas cosas en las que estuve,
te juro que me hierve la sangre…”.